Menemismo y después
Desde 1986 hasta el cierre en 1999, Ulanovsky escribió la columna "En el medio", que hablaba de actualidad desde los medios de comunicación, en especial la TV. "La revista me ofreció el capital principal para cualquier periodista: un espacio sin ninguna clase de condicionamientos", dice el autor de Paren las rotativas, que -siempre alejado de la vanidad- reconoce haberle aportado "el ejercicio de mi oficio con honestidad e independencia".
No fue sencillo, plantea Igal a propósito de los años menemistas.
-Recordemos la "Ley Mordaza" [el proyecto de silenciar investigaciones críticas aumentando las penas por calumnias e injurias], los juicios por esos delitos o los intentos del menemismo por disciplinar con pauta publicitaria estatal, sobres o amiguismo. La revista tuvo más juicios -muchos de ellos los perdió- en esa época que durante los cinco años que circuló durante la dictadura. Pero no solo de funcionarios del gobierno, como Eduardo Menem o María Julia Alsogaray, sino también de Marcelo Tinelli [caracterizado en una tapa como un oficial nazi que apoyaba a Cavallo], Bernardo Neustadt [la revista debió indemnizarlo por "agravio moral" tras publicar retratos con desnudos sobre él y su exmujer] o Florencia Peña [en sexHumor la caricaturizaron con los pechos al aire y sugiriendo una relación con Diego Maradona].
Para Ulanovsky, aquella etapa marcaría un punto de inflexión más profundo.
-Desde los años 90, miradas, circunstancias y necesidades fueron cambiando la circulación del humor en los medios. Hoy, por efectos de un desacartonamiento generalizado, se ve que la ironía, la burla y el chascarrillo quedan en manos de muchos aficionados e improvisados. En programas como La noticia rebelde, Jorge Guinzburg veía con humor y preocupación que personajes mediáticos de variada laya, y en especial muchos políticos con sus presentaciones públicas, le enmendaban la plana a los verdaderos humoristas. La perplejidad de esos profesionales continúa, porque por más ingenio que pongan, les costará competir con las patéticas bufonadas de un Adorni o de un Espert, de las que reímos para no llorar.
Claroscuros de una catarsis
"Trabajo desde el 99, y siempre el humor fue una válvula de escape", plantea Tarico. "Por mensajes en la radio, o la salida del teatro, el público me dice «gracias por hacerme reír a pesar de la situación que estamos viviendo». En 2008, cuando estaban los cortes de ruta por el quilombo de la [resolución] 125, empecé a hacer giras, y descubrí que, en todos los lugares adonde iba, el humor era como una catarsis. Siempre hay material, y la gente siempre está predispuesta a reírse de lo que pasa".
La línea de tiempo de sus influencias salta hacia atrás y hacia adelante: los monólogos picantes de Pepe Arias en el teatro de revistas, la irreverencia de Landrú en Tía Vicenta, los muñecos de Canal K, la parodia de Eduardo Duhalde a cargo de Juan Carlos "El Mini" Velázquez en Todo por dos pesos, del mismísimo canal estatal.
-¿Cómo sería tu abordaje perfecto de un político argentino?
-Lo sueño como una obra de teatro o una serie. Que se pueda ver la complejidad y las mil caras de un político. Porque creo que son como un poliedro: se van adaptando a cada época y cada situación, y cambian de discurso permanentemente, como una especie de Zelig, el personaje de Woody Allen.
El humor en la era libertaria
Un hombre desalineado, despeinado, sobre abrigado, megalómano, fijado en metáforas sexuales, enamorado de los Estados Unidos, obsesionado con el comunismo, el socialismo, la izquierda, los zurdos. Un hombre que dice que no odiamos lo suficiente a los periodistas, que hace funcionarios a personajes que insultaba hace cinco minutos, que se autodefine el mejor de todos, mientras todo se desploma a su alrededor. Como en el meme del perrito con sombrero que exclama "This is fine!", antes de que se lo devoren las llamas.
Sería divertido -sería, de hecho, un meme- si no estuviera ahí, en el despacho más importante de Casa Rosada.
-Es un momento nefasto para hacer humor con este presidente, por varias razones -enumera Lakerman. La primera: la crisis económica. No hay dinero para producción, ni espacios para hacer humor político. No hay guita para hacer ficción, no hay guita para hacer nada. La segunda: justo se da un gobierno de este nivel de autoritarismo, fascismo, discriminación, odio, neoliberalismo, misoginia, homofobia, en el momento en que cambiaron tanto las reglas de la comunicación, que cada persona tiene totalmente segmentada su forma de consumo. La gente ve lo que el algoritmo le da. No hay masividad. Un chiste que yo pueda llegar a hacer en un video equis, se lo voy a dar a la endogamia que quiere recibir ese video, esa idea. Y el gobierno tiene un aparato muy fuerte en redes sociales, como para amedrentar a cualquiera que quiera hacer algo en contra suyo. Hay mucho miedo de meterse en esos quilombos, algo que en momentos más democráticos no pasaba.
Y después hay una especie de competencia desleal con la figura del Presidente, que parece una parodia de sí mismo, una figura exacerbada, una caricatura. Eso lo vuelve todo más complejo. Cuando las cosas están así, el humor ya me empieza a no interesar tanto. Me importa que le pegan a los viejos todos los miércoles. No digo que no pueda hacerse humor con Milei. Se hace. Pero las condiciones están particularmente malas para hacerlo.
De parodias, redes y memes también habla Tarico.