La IA le da al profesional del marketing más autonomía y capacidad de acción afirmó sin dudar, Denise Dresser, presidenta de OpenAI Enterprise, entrevistada por Julia Boorstin de CNBC en el marco de las charlas del programa de Cannes Lions. La industria atraviesa "un momento extraordinario para la creatividad", en el que un creador puede pasar de una idea a la ejecución con mucha mayor velocidad y llegar a audiencias más amplias. Además, sostuvo que ya está emergiendo un nuevo formato publicitario.
"Estamos pasando de una economía basada en la atención a una economía basada en la inteligencia. Eso significa que, cuando un usuario llega con una intención mucho más profunda, también cambia la manera en que una marca puede acompañarlo. La publicidad puede ser mucho más útil. Creo que ahí existe una gran oportunidad para toda la industria", destacó.
Como ejemplo mencionó el lanzamiento de ChatGPT Image Generation, que simplificó un proceso tradicionalmente complejo, desde la preproducción hasta la distribución. "Nuestra capacidad para lanzar una campaña que se volviera viral en ciudades como Nueva York o San Francisco, contextualizando los anuncios dentro de cada ciudad y generándolos directamente en las imágenes, permitió escalar una idea de una manera que antes era mucho más compleja. En definitiva, se trata de ayudar a que una idea llegue a muchas más personas y pueda crecer a gran escala."
Para los anunciantes, sostuvo, también se abre una nueva oportunidad para comprender mejor la intención de los usuarios y avanzar hacia un nivel de personalización mucho más profundo. "La personalización ya no consiste solamente en adaptar una campaña para distintos segmentos, sino en crear experiencias verdaderamente personales dentro de ChatGPT."
Como ejemplo citó el trabajo con L'Oréal y Maybelline. Hoy los usuarios ya pueden probar virtualmente productos desde sus sitios web y, próximamente, esa experiencia llegará también a ChatGPT. "La diferencia es que, en ChatGPT, las personas no ingresan simplemente para buscar una palabra clave. Entran para hacer algo. Y aproximadamente el 20% de los usuarios ya llega con una intención comercial clara. Entonces, la IA no es solo una transformación tecnológica; es una transformación del negocio, de la sociedad y de las personas."
Del consumidor a la empresa
OpenAI apostó con fuerza al mercado enterprise, aunque su crecimiento comenzó en el segmento de consumo masivo. Para Dresser, ese recorrido constituye una ventaja competitiva.
"No pasa un solo día sin que alguien me cuente una historia increíble sobre cómo ChatGPT cambió su vida." Desde personas que obtuvieron un diagnóstico médico, estudiantes que encontraron nuevas formas de aprender o usuarios que resolvieron problemas que parecían imposibles. Esa relación emocional con la herramienta, explicó, luego se traslada naturalmente al ámbito laboral.
"Nadie quiere vivir una experiencia extraordinaria con una herramienta en su vida personal y luego trabajar con herramientas completamente distintas. Cuando las personas aman un producto, aman la experiencia que les ofrece y comprueban el valor que genera, naturalmente quieren incorporarlo a su empresa."
Dresser destacó además que OpenAI desarrolla toda la infraestructura tecnológica, desde chips hasta soluciones para empresas y publicidad. "Todo eso hace posible que las empresas empiecen a pensar la inteligencia artificial como una nueva plataforma sobre la cual transformar su negocio."
Entre las principales tendencias observa una integración creciente entre los equipos de ingeniería y las áreas de negocio, lo que acelera la innovación y favorece la creación de nuevos perfiles profesionales, como el Forward Deployed Engineer, encargado de conectar el desarrollo de los modelos con las necesidades concretas de las empresas.
Uno de los casos citados fue el de Travelers. La aseguradora decidió aplicar IA al proceso de denuncia de siniestros, uno de los momentos más sensibles de la relación con sus clientes. Antes de implementarlo, involucró a sus empleados en el desarrollo del asistente y presentó el proyecto como una oportunidad para aprender inteligencia artificial. El resultado fue que los clientes pudieron elegir entre un asesor humano o el asistente de IA y, gracias al trabajo conjunto, el 90% de los casos comenzó a resolverse en el primer contacto. Para Dresser, el mayor impacto fue interno: los empleados descubrieron que podían mejorar su trabajo y generar un aporte mucho mayor.
El ejemplo le dio pie a Boorstin para mencionar el elefante en la sala: la ola de despidos asociados con IA. "No es lo que estoy observando" -se excusó Dresser-. "Lo que sí veo es que las personas pueden producir muchísimo más. Si pensamos en un creador de contenido, antes podía generar miles de piezas. Hoy puede producir decenas de miles."
A su juicio, la productividad crecerá de forma muy significativa y serán justamente las organizaciones que adopten estas capacidades las que acelerarán su crecimiento.
Otro de los grandes interrogantes gira en torno a la protección de los datos y la propiedad intelectual.
"La respuesta es muy simple. No entrenamos nuestros modelos con los datos de nuestros clientes. Los datos pertenecen a nuestros clientes. Y tampoco nos apropiamos de su propiedad intelectual. Todo lo que una empresa crea sigue siendo de esa empresa."
Para la ejecutiva, todavía queda un importante trabajo de educación sobre este punto. "Creo que todavía hace falta mucha educación para que esto se comprenda plenamente. La confianza también se construye mostrando, con hechos, cómo trabajamos con nuestros clientes. Ese es uno de los grandes desafíos que todavía tenemos por delante."