“Fuimos felices” es el karma que repetíamos en las horas siguientes a la final perdida, entre la tristeza profunda, la nostalgia flamante y el autoconsuelo inútil, mientras naufragábamos en un mar de teorías conspirativas y acusaciones de racismo desbocadas.
Fuimos felices siendo campeones del mundo durante casi cuatro años, y fuimos felices en siete de los ocho partidos de este Mundial, cuando la Scaloneta trascendió sus límites aferrándose a una resistencia heroica, y a un héroe resistente que -a los 39 años- no paró de superarse a sí mismo.
Fuimos felices a lo largo de 39 días y 104 partidos, una Copa extra large que se rindió ante los términos de su anfitrión principal, con pausas de hidratación para atiborrarnos de ultraprocesados y apuestas compulsivas, y shows de medio tiempo para entretener a un público con déficit de atención crónico.
Fuimos felices gracias a una transmisión internacional competente, con imágenes de calidad y planos generales que priorizaron el desarrollo del juego, a pesar de las falencias persistentes para entender el soccer, como las repeticiones incompletas o las tomas innecesarias de niños llorando la derrota de su equipo.
Con la televisación nacional, en cambio, fuimos como somos: apasionados y analíticos, estudiosos e improvisados, atrayentes y repelentes.
Seguir los partidos de la Selección por Telefe, que trepó a los 43 puntos de rating en la batalla contra Inglaterra y a un histórico 91% de share de TV abierta en la final, fue una experiencia intensa. Pablo Giralt imprimió un upgrade a su rol de relator-hincha, con frases marca registrada (“vamos Argentina de mi vida”, “no termina hasta que se termina”), quiebres de voz repentinos y llantos tan angustiosos como los partidos.
A pesar de cierta propensión a pasar por alto los déficits del equipo, Juan Pablo Varsky sumó desde lo conceptual, lo estadístico y lo informativo, apelando a una memoria de precisión escalofriante. También fue el único en no quedar en offside cada vez que se ponchaban un famoso, desde la mega celebridad de Hollywood hasta el quarterback de la NFL. Estudiar paga, siempre. Mención aparte para Clank!, su canal de entrevistas reconvertido en plataforma para desplegar un vuelo analítico que, con tiempo y espacio, trazó parábolas enriquecedoras sobre lo que había pasado y lo que podría pasar.
Sumido en la incertidumbre tras ceder al control accionario al Grupo Werthein y golpeado por el éxodo de periodistas hacia ESPN, TyC Sports hizo lo que pudo. Hernán Feler relató los partidos de Argentina: más sobrio que Giralt, aunque con picos emotivos similares, conectado a la electricidad que subía desde la cancha. Lo acompañó Ariel Senosiain, otra vez por encima de sus colegas: bien informado, mejor plantado y por momentos crítico de la organización, sin miedo a abordar las dimensiones sociales, económicas y políticas del fenómeno global. La mayoría de los relatos restantes estuvieron a cargo Julián Bricco, la voz de la Copa Argentina: expansivo, sobrador, orgulloso de sus limitaciones (“a mí dame la pelotita”). Lo acompañaron Gustavo Lombardi, que capitalizó poco su pasado como futbolista, y Ariel Rodríguez, más agudo y vivaz.
Los suscriptores de Disney+ padecieron el delay y disfrutaron de Mariano Closs. Quienes lo consideran el mejor relator de la TV argentina tienen con qué: oficio impecable y capacidad anticipatoria cada vez más afilada. Si olía gol, era gol. La armada de ESPN incluyó a figuras como Sebastián Vignolo (en búsqueda perpetua de conectar con el pulso callejero) y el hiper analítico Diego Latorre, con la novedad de dos DTs en impasse: Marcelo Gallardo, afincándose de a poco, y Carlos Tevez, entre el sentido común más pedestre y un carisma siempre salvador.
Con derechos para los 104 partidos, DirecTV se apalancó en su dupla principal: Gustavo Kuffner, siempre a la altura desde lo informativo y lo expresivo, y Sergio Goycochea, que alternó entre comentarios certeros y cierta sensación de indolencia. A los 91 años, Enrique Macaya Márquez –viralizado gracias a una publicidad y a su aparición en una conferencia de prensa de Lionel Scaloni– cubrió su ¡decimoctava! Copa consecutiva y gozó del homenaje internacional.
Las segundas y terceras pantallas aportaron valor diferencial. Daniel Arcucci, Ezequiel Fernández Moores y Alejandro Wall activaron por tercer Mundial seguido el canal Casa Taganskaya, con tertulias de entrecasa sobre el viaje épico de la Selección. En Bonadeo se prende, el argentino que más sabe sobre más deportes abrió las puertas de su archivo para compartir curiosidades y tesoros invaluables. Después de cada partido, se sentaba frente al celular para desplegar su estilo preciso, erudito y de pocas pulgas.
Como perla final, el streamer paraguayo Cra Ok llevó al Mundial lo que viene haciendo en el ámbito doméstico: una lectura de labios que, entre la dramatización y la pericia técnica, genera videos reveladores sobre lo que los protagonistas hablan en la cancha. La reconstrucción del intercambio entre Scaloni y Leandro Paredes durante el alargue contra Suiza reveló la intensidad con que se viven las cosas en el campo, lo lejos que estamos de entenderlas y, por sobre todo lo demás, la emoción genuina de los protagonistas. Esa que podrá imitarse, pero igualarse jamás.